430 - WOODY ALLEN - A propósito de nada

Sinopsis: 
Woody Allen que durante las seis décadas que lleva haciendo cine ha escrito y dirigido cincuenta películas, nos relata sus primeros matrimonios: el más precoz con una novia de su adolescencia y luego con la maravillosamente divertida Louise Lasser, a quien es evidente que todavía adora.

También escribe sobre su romance con Diane Keaton, con quien mantiene una prolongada amistad.

Y explica su relación personal y profesional con Mia Farrow, con quien realizó varias películas ahora clásicas, y que terminó con una separación por la que la prensa sensacionalista aún no le ha dado suficientemente las gracias.

Él afirma que fue el primer sorprendido cuando, a sus cincuenta y seis años, inició una relación con Soon-Yi Previn, que entonces tenía veintiuno, y que los condujo a un romance estrepitoso y apasionado y a un matrimonio feliz de más de veintidós años.

En un texto a menudo hilarante, haciendo gala de una franqueza sin límites, lleno de creativas intuiciones y de bastante perplejidad, un icono americano cuenta su historia, aunque nadie se lo haya pedido.

Opinión: Bueno, lo de hilarante... hay que hacérselo mirar. Los editores promulgan mucho el autobombo y la exageración.

Separo dos fases la lectura de este libro. En la primera parte si no eres un forofo de los cómicos y  personajes populares de EEUU no te enteras de nada y es super aburrido tanto nombre y tanto ir y venir. Me aburrí y dejé el libro en vibrato durante varios meses.

En la segunda parte lo he cogido con un poco más de marcha, es cuando cuenta el tejemaneje de su vida más conocida por sus películas y asuntos personales que aparecieron en tv, revistas y periódicos de todo el mundo. Algo, que al ser más conocido, se hace más llevable.

La realidad, no es un libro divertido, no es un libro maravilloso, no es un libro que enganche, pero puede que sea sincero y trágico en su desinteriorización de pensamientos y sentimientos. Sobre todo sabiendo que Allen es un tipo muy personal, tímido y poco amigo de los oropeles.

No sé, ni me atrevo, a recomendarlo o a apartarlo. Lo dicho, dicho está. 

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